Las viviendas vacías se han convertido en un auténtico quebradero de cabeza para las comunidades de vecinos.

En los últimos años, se ha elevado el número de inmuebles abandonados: son muchas las viviendas que quedan deshabitadas tras el fallecimiento de sus dueños. Las casas quedan vacías ya sea porque se desconoce quiénes son los herederos o bien porque estos no quieren asumir la responsabilidad de mantener dicha vivienda.
A esto hay que sumarle el miedo de los vecinos a que los ocupas se instalen en esas casas abandonadas, generando suciedad y conflictos vecinales.
Y así pasan a denominarse: pisos fantasma. Convirtiéndose así en un problema para la comunidad de vecinos, ya que nadie paga los gastos que genera esa vivienda. Esto para comunidades muy pequeñas supone una deuda difícil de asumir.
En la mayoría de las ocasiones, los dueños de estos pisos mueren en soledad. Bien porque se trasladaron a una residencia y tras su fallecimiento, este no ha sido comunicado al administrador de fincas o simplemente han sido encontrados sin vida dentro de la vivienda. Y es que vivimos en un mundo globalizado, en el que se ha normalizado perder las relaciones familiares, sobretodo lejanas. Es por ello que los herederos desconocen la existencia de dicha herencia.
La gran labor de los administradores de fincas
Cada vez más, los administradores de las comunidades destinan más recursos a buscar a los herederos de esos pisos fantasma. El objetivo es encontrar en el menor tiempo posible a la persona heredera para que pueda gestionar dicho inmueble. En la mayoría de los casos, el heredero vende la vivienda ya que no tiene ningún valor sentimental o bien porque su lugar de residencia está muy lejos y no le compensa mantener ese piso.
Es la única opción posible para que la comunidad pueda recuperar esa deuda generada. He aquí la importancia de contar con un buen administrador de fincas que ponga solución a la existencia de estos pisos fantasma.


